domingo, 4 de diciembre de 2016

ININTELIGIBLE



Dicen que existe una forma de comunicación, que no es la más usada.
Una manera de comunicarse, que suelen poner en práctica contados seres, vivos y no vivos.
Será esa forma la que use el viento para transmitir sus estados de ánimo.
La lluvia hará algo similar, de la misma manera que el sol, las nubes…
De otro lado, los seres vivos usan sus propios códigos para transmitir todo lo que les venga en gana. Entre individuos de una misma especie, en teoría, la comunicación ha de ser menos complicada. Aunque en no pocas veces resulta excesivamente compleja.
En determinadas ocasiones, resulta mucho menos complicada la comunicación y el entendimiento entre especies diferentes.
Supongo que algo así es lo que les ocurre a los alambres, las herramientas y a mis manos.
Al principio, cada cual por separado, sabe lo que quiere, aun no teniendo muy claro cómo se logrará alcanzar. Con leves movimientos se inicia una mínima comunicación. Ésta va regando el ambiente de seguridad y confianza reforzando la conexión entre todos. Hay momentos en los que cada cual va por su lado, dando la impresión de que no se escuchan los unos a los otros, aunque en realidad, siempre se tienen en cuenta. Saben que será siempre mejor juntos que cada uno por separado. Juntos se acompañan, se escuchan, se hablan y acuerdan la manera de continuar. Continuar hasta lograr crear algo nuevo.
De cara a los demás, lo que logren hacer, podrá gustar o no. Pero eso es lo que menos les importa. Lo esencial para ellos es que en cada nueva pieza hecha, en cada trozo de alambre que ha adquirido una forma que no esperaban, van sus conversaciones, sus momentos juntos, sus discusiones, sus maneras de resolver lo que les parecía imposible... Maneras todas de sentir.
Ésta es su forma de plasmar sus vivencias, sus ocurrencias sus estados de ánimo o lo que les parezca oportuno en cada instante de sus existencias.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Frío

En este silencio habito.
Aquí, es donde yo sueño.
Es donde escribo canciones,
susurradas por el viento.
A veces me hace cosquillas.
Otras, llega frío y seco,
y atraviesa en un suspiro,
a mi confiado pecho.
Lo deja helado, roto, quieto.
Con una herida que expulsa
sangre en forma de versos.
Versos descosidos, vacíos, inconexos.
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Tras momentos de quietud,
toca recomponer mi pecho.
Cerrar esa fría grieta,
dejarlo firme y entero.
Unas letras se desplazan aferrándose a palabras,
que moviéndose también, se agarran a algunos versos.
Se enciende una conexión;
comienza a tejerse un texto,
uniendo las dos mitades
de mi desgarrado pecho.

sábado, 29 de octubre de 2016

"Pase y acomódese señora Música"

Definirlo no sé, ni quiero hacerlo. Me conformo con ir enlazando letras y que ellas hablen de esto que siento.
Aprender a volver a vivir resulta una tarea compleja. No más compleja que vivir sin más, pero con la peculiaridad de que, son muchas las veces que llegan recuerdos de la vida pasada, y no puedes evitar la absurda comparación. En este proceso, igual que descubres momentos difíciles, también los encuentras cargados de alegrías e ilusiones y con ganas de querer compartir.
Recuerdo la época en la que vivía en aquel hospital. Allí daba comienzo una etapa más de mi vida. De lo mucho vivido allí, recuerdo algo que, con el tiempo considero anecdótico, aunque en su momento fue irritante. No era más que la peculiar relación que manteníamos las monitoras de "Terapia Ocupacional" y yo. Ellas nos guiaban a un pequeño grupo de pacientes, diferentes entre nosotros. Realizábamos actividades que nos ayudarían a ir recuperando cierta movilidad y con ella ciertos hábitos para, poco a poco, sentirnos más independientes. Estas tareas consistían en aprender a levantarnos de la silla, aprender a ponernos la ropa, etc. Ir recuperando los hábitos cotidianos de la vida, ya que todos y todas los que estábamos allí, veníamos o estábamos en una fase de mucha dependencia. Dependencia a la hora de realizar tareas, que pueden sonar elementales, pero son infinitamente complejas cuando ni tu cerebro, ni tu cuerpo, están por la labor de colaborar. En fin, que realizábamos una serie de ejercicios que nos ayudarían a alcanzar cierta independencia. Recuerdo que yo me aburría mucho con los ejercicios que nos proponían, pero me callaba e intentaba que pasase aquella hora sin llamar mucho la atención. Los días pasaban y todo seguía igual. Un día se me ocurrió abrir la boca y proponer algo. Algo que debió sonar a chiste, pues no se le hizo nada de caso al "kinki que había soltao tal estupidez". Aquella estupidez, fue proponer alguna o algunas actividades diferentes, algo más motivantes que; “utilizar un serrucho, o, ir haciendo un recorrido intentando colar un cordón en unos agujeros, o, pelar una naranja...” Que es cierto, que son muy útiles, pero de siempre hacer lo mismo uno se aburre. Una de las propuestas fue que podían pedir una guitarra y que aprendiésemos a movernos con música. Tengo la sensación de que aquello sonó a locura de un flipao que no sabe en que mundo vive.
Hoy sigo sin saber del mundo en el que vivo, pues, desde que acabé mi tiempo allí, nunca ha dejado de rondarme la idea de ayudar a la recuperación de mi movilidad con la música. Ya sea oyendo, escuchando, cantando, bailando, o, a lo que me quiero referir con estas letras; tocando, tocando un instrumento. Yo elegí la guitarra, que más que tocarla, me toca ella a mí. En verdad nunca he sabido ni sé tocar la guitarra. En mi vida anterior, era capaz de acompañar o tocar algunos acordes básicos, actualmente, ni eso. En verdad es algo que no me importa, yo no aspiro a convertirme en músico, no soy tan osado. Lo que si que quiero continuar haciendo, es lo que he hecho en este tiempo. Sinceramente no lo he hecho de manera muy continua, pero si que el tiempo que le he dedicado y el que le dedicaré, ha sido y será un tiempo real, muy grato, muy útil y muy divertido. Me ha proporcionado pequeños avances que, personalmente, los siento muy grandes.
Al principio, una mitad de mi cuerpo estaba paralizada, con el ejercicio diario y la rehabilitación, comenzó a ganar movilidad. Esto siempre ha sido en constante progresión ascendente y yo estoy dispuesto a que siga. A parte de lo cotidiano, yo fui adaptando pequeños detalles a modo de complemento. Uno de ellos fue y es la música. Los dedos de mi mano izquierda, de haber estado rígidos e inmóviles, con tiempo y con constancia, ya son capaces de pisar las cuerdas de mi guitarra y hacer que suenen algunos acordes (lentos, pero suenan bien. El FA, con su cejilla, se sigue resistiendo). También ocurre, que mis dedos pasean, siguiendo algunas escalas. Además, a veces, me pongo a tocar de pie y toda mi mitad, con secuelas de la hemiparesia, se siente alegre y un poco más despierta.
Veo mis últimos años recorridos y siento que la música ha sido otra pieza fundamental en este puzle inacabado. La música, como yo la he sentido que, sin saber, ni querer llegar a nada en concreto, me he dejado guiar por ella y me ha enseñado "Universos" que era incapaz de imaginar.
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